Autor: Gabii
Fecha de publicacion: Viernes 17 de octubre del 2025
A una hora de Brisas de Zicatela se encuentra Santiago Matatlán, conocido como la “Capital Mundial del Mezcal”. Este pequeño pueblo del Valle de Tlacolula guarda una tradición que ha resistido el paso del tiempo: la elaboración del mezcal ancestral, un proceso artesanal transmitido por generaciones y conservado en las fábricas familiares que aún funcionan con métodos originales.
El paisaje de Santiago Matatlán está cubierto por extensas plantaciones de agave espadín, la materia prima del mezcal más tradicional de Oaxaca. En sus alrededores, los caminos polvorientos conducen a fábricas familiares —también llamadas palenques— donde las familias mezcaleras mantienen vivas las técnicas heredadas desde la época prehispánica.
El proceso ancestral comienza con la cocción del agave en hornos cónicos de piedra volcánica, cubiertos con tierra para conservar el calor. Después, las piñas cocidas se muelen con una tahona de piedra tirada por caballo o mula. Este método, aunque lento, otorga al mezcal un aroma ahumado y un sabor profundo que lo distingue de las producciones industriales.
En Matatlán, muchas familias han convertido sus palenques en espacios de encuentro cultural. Lejos de la producción masiva, cada fábrica tiene su propio sello, su historia y su manera de destilar. Algunas se dedican exclusivamente al mezcal ancestral, elaborado con ollas de barro y leña, mientras que otras combinan tradición con pequeñas innovaciones sostenibles.
Entre las más reconocidas se encuentran palenques familiares que ofrecen recorridos donde se explica el proceso completo, desde el cultivo del agave hasta la cata final. En estos espacios, los visitantes pueden conocer a los maestros mezcaleros, escuchar historias sobre sus antepasados y aprender sobre la importancia del respeto al maguey y a la tierra.
Más allá de su sabor, el mezcal representa la identidad oaxaqueña. Cada botella cuenta una historia de trabajo comunitario, respeto a la naturaleza y resistencia cultural. En los palenques, los saberes se transmiten de padres a hijos, asegurando que las futuras generaciones mantengan viva una práctica que forma parte del patrimonio intangible de México.
El mezcal ancestral se diferencia del artesanal e industrial por sus métodos: fermentación en tinas de madera, destilación en barro y ausencia total de maquinaria moderna. Su producción limitada y su conexión directa con la tierra lo convierten en un producto de valor cultural incalculable, apreciado tanto por locales como por viajeros interesados en conocer la esencia de Oaxaca.
Recorrer la ruta del mezcal ancestral en Santiago Matatlán es adentrarse en una tradición viva que resume la historia, el trabajo y la identidad del pueblo oaxaqueño. Desde Brisas de Zicatela, este viaje permite descubrir un legado que trasciende generaciones y que sigue destilando, gota a gota, la autenticidad de Oaxaca.